Archive for Abril, 2009

LA LÁMPARA DEL SER

Lunes, Abril 13th, 2009

DEVOCIONAL “TESORO EN LOS CIELOS” (12)

 

© PASTOR IVÁN TAPIA

 

  

“La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; / pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?”

San Mateo 6:22,23

 

Cuando Jesucristo se refiere a “cuerpo”, en este pasaje, está señalando toda la persona y no lo que hoy nosotros designamos como soma o lo físico. Dice el Maestro que nuestros ojos son como una lámpara para el cuerpo o la persona entera. ¿A qué se estará refiriendo con “ojo”? El órgano de la visión es el que nos permite, sin tocar las cosas, ya emitir un juicio sobre ellas. Es evidente que Jesús se refiere a la conciencia. Quien juzga las cosas como pecaminosas las hace pecaminosas. Si usted considera que comer o beber determinado alimento es algo que Dios prohíbe, al hacerlo  se sentirá pecador y totalmente contaminado por la maldad. San Pablo dirá después “Todo lo que el hombre hace sin fe es pecado” (Romanos 14:23). Si tiene una conciencia limpia, si no anda por el mundo juzgándolo todo y poniendo bajo su “lupa legalista” todas las cosas, entonces usted será libre, tendrá en cierto modo la inocencia de los primeros padres, que andaban desnudos y no se sentían sucios ni culpables, sin embargo cuando entró la malicia en ellos, por el pecado, quisieron cubrirse.

 

Si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas” agrega Jesús, es decir si miras las cosas de un modo negativo, todo tu pensamiento, emocionalidad y modo de actuar se volverá oscuro. Por ejemplo, frente a un desnudo fotográfico podemos pensar que es un atentado a la moral, un insulto a la decencia y la prudencia, algo de las tinieblas, una maniobra del diablo que quiere corromper esta sociedad; y ese juicio nos hará tomar una actitud negativa y agresiva hacia toda persona que piense lo contrario, llevándonos incluso a enfermarnos físicamente. Si optamos por la opción de que es una expresión más de arte, que responde a una intención estética y no moralizadora, no sólo podremos disfrutar de esa obra sino también mantenernos limpios de toda contaminación de pecado y culpa. Este ejemplo es válido sólo para aquello que es auténticamente una obra de arte y no para la vulgaridad ni la pornografía.

 

El ojo del alma es la conciencia. Cuando está bien formada sabe distinguir perfectamente lo bueno de lo malo. El autor de Hebreos nos habla de la triste condición de los creyentes que no han desarrollado su conciencia al grado de poder discernir entre lo bueno y lo malo: “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. / Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; / pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.” (Hebreos 5:12-14)

 

Los cristianos somos hijos de la luz, la Verdad y el Amor de Dios; somos guiados por la luz de Su Palabra y de Su Espíritu Santo; vivimos en Su luz porque estamos en Su Reino, que no es de tinieblas sino de luz. No puede existir tinieblas, oscuridad, dentro de nosotros. “Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?” nos recuerda el Señor. Pensar de modo oscuro, juzgar todas las cosas como pecado, tener una conciencia que todo lo sataniza, hará mucho mal a nuestro ser y a quienes nos rodean; por otro lado, no tener la capacidad de discernir cuando algo no está bien, también es peligroso pues se espera de nosotros que seamos esa lámpara puesta en lo alto del dintel, que ilumina toda la casa. Somos luz del mundo porque llevamos dentro de nosotros una lucecita encendida: nuestra conciencia guiada por el Espíritu Santo (Romanos 9:1).

 

“Nadie pone en oculto la luz encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz. / La lámpara del cuerpo es el ojo; cuando tu ojo es bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es maligno, también tu cuerpo está en tinieblas. / Mira pues, no suceda que la luz que en ti hay, sea tinieblas. / Así que, si todo tu cuerpo está lleno de luz, no teniendo parte alguna de tinieblas, será todo luminoso, como cuando una lámpara te alumbra con su resplandor.” San Lucas 11:33-36

SED SOBRIOS

Domingo, Abril 12th, 2009

DEVOCIONAL “TESORO EN LOS CIELOS” (11)

 

 

“Por lo tanto, ceñíos los lomos de vuestro espíritu, sed sobrios, poned toda vuestra esperanza en la gracia que se os procurará mediante la Revelación de Jesucristo.”

1 Pedro 1:13

 

La vida cristiana es una vida de equilibrios. Es bueno estar con la gente, ayudarla, servirla, amarla, darse por el prójimo, también disfrutar con ellos, convivir, celebrar, amar y ser amado; pero de nada servimos si no buscamos la paz interior, la fuerza que viene de Dios, si no equilibramos esa vida externa con la interior. Necesitamos preocuparnos de nosotros mismos, autoexaminarnos, regularnos, evaluarnos ante el Creador. El equilibrio entre la vida de oración o vida devocional y la vida de servicio es imprescindible. Me dices que te agrada estar solo/a siempre y que eres por naturaleza solitario, que te apartas de la gente y por ti te irías a vivir a una isla solitaria; pues, te digo que estás mal, que busques dentro de ti la razón de ello. ¿Tienes miedo de las personas? ¿Sientes vergüenza por algo? O ¿te consideras tan superior, tan sabio/a o santo/a que no quieres contaminarte con los demás? Esto último sería el signo de una gran soberbia, te sientes mejor que todo el mundo. Espero que no sea tu caso.

 

La vida cristiana es una vida de equilibrios. Si eres una persona crítica con todos, significa que eres muy analítica, que puedes discernir, es decir separar lo correcto de lo incorrecto. Pues, hazlo también contigo, analízate a ti mismo/a y así establecerás el equilibrio necesario. Si eres crítico/a, equilíbralo con autocrítica. Y se crítico no sólo para encontrar lo malo, sino también la virtud, lo positivo, aquello que hay de la imagen de Dios en el otro. Nadie hay tan malo ni tan corrupto en este mundo, como ninguno tan santo como Jesucristo. En todo lo que analices y pienses, pon equilibrio.

 

Insisto, la vida cristiana es una vida de equilibrios. En tu hacer, en tu sentir y en tu pensar, es aplicable este principio. Por ejemplo en el área de las emociones ¿será bueno llorar?, ¿será bueno reír?, ¿será bueno o malo enojarse? Las respuestas vuelan desde la Sagrada Escritura de inmediato a nuestra mente: Vemos a Jesús llorando frente a la tumba de su amigo Lázaro; lo vemos alegrarse porque Su Padre ha dado a conocer Su verdad a los pobres; lo vemos enojarse con los mercaderes del templo. Aquella pena de Jesús es equilibrada, no es un llanto desesperado ni sin esperanza, pues Jesús sabe que Dios no es dios de muertos sino de vivos y que Él es la resurrección. Su alegría no es histérica ni inapropiada, es alegría por algo espiritual, es el gozo del Señor. Su ira es controlada, no destructiva, es aplicada para aleccionar, no para matar. Guarda tu espada, Pedro. El Maestro nos enseñó con Su ejemplo, el equilibrio del pensamiento, el equilibrio de las emociones, el equilibrio del actuar.

 

¿Y qué sucede con aquellos principios y posturas radicales del Evangelio? ¿Son equilibradas? Me refiero a aquellos textos que hablan de dejar padre y madre, de dejar que los muertos entierren a sus muertos, de poner la otra mejilla cuando nos maltraten, de darlo todo si me piden un poco, de dar la vida por los que amamos… y el mismo ejemplo del Fundador de nuestra fe que dio Su vida por la Humanidad, que no se defendió ni reclamó por tan cruenta muerte. ¿Es ello, acaso, equilibrio? Vamos por parte y examinemos cada ejemplo. Dejar padre, madre, hermanos, por causa del Evangelio, no es abandonarlos sino poner en primer lugar a Cristo, ordenar nuestras prioridades. Jesús, en esta enseñanza, como en la de preferirle a Él antes que al funeral, o la de ofrecer la otra mejilla –perdonar-, está utilizando un recurso verbal llamado hipérbole, exageración retórica que tiene por objeto llamar la atención del oyente a la verdad fundamental que se quiere enseñar. Bajo ningún punto de vista el Maestro nos mal enseña a desobedecer a los padres y no respetarlos, ni a dejar de asistir a velatorios y funerales, o dejarnos atropellar por cualquiera que nos haga daño y no defendernos. Cuando Él dice que no hay mayor amor que el Suyo, que entrega su vida toda por el prójimo está diciendo exactamente eso, renunciar al egoísmo para ser altruista; no dice que todos deban buscar la muerte para ser verdaderos seguidores suyos y transformarnos en héroes o mártires. Esto último es el resultado de algunas vidas enfrentadas a peligros extremos, pero no constituye ley.

 

El cristianismo es radical en cuanto al amor y ello a nadie daña; todo lo contrario, pone muy en alto el nombre de Jehová. La Biblia en ninguno de sus libros enseña el desequilibrio, sino que lo rechaza. Aconseja que, examinando los pecados de otro, sea cuidadoso en juzgarme primero a mí mismo. “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.” (Gálatas 6:1)

 

Si en los Salmos u otro libro del Antiguo Testamento encontramos oraciones pidiendo castigo sobre los enemigos, no debemos entenderlo como el deseo destructivo de Dios sino como el anhelo de justicia de Sus siervos, guiados por el Espíritu Santo. Nuestras oraciones, hechas bajo el Nuevo Pacto, serán llenas de perdón y amor hacia los que no siguen el buen camino. Cuando Dios destruye o mata, no lo hace por maldad, como lo haríamos los seres humanos, sino por justicia y porque aborrece el pecado. Él es Dueño de toda Su creación y puede hacer lo que Él quiera con ella, pero aún así, lo hace conforme a Su justicia. Él no se deshice, sino que es coherente con Su pensamiento. No hay desequilibrio en Dios ni en Su Palabra. Tomemos el caso de Caín, asesino de su hermano Abel. “Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado. / He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará.” (Génesis 4:13,14)Dios lo sanciona desterrándole, sin embargo le respondió: “Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara./ Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén. (Génesis 4:15,16) El Señor no se vengó de Caín ni lo destruyó, sino que lo defendió de muerte para que tuviera hijos y prosperara. Hoy día desea lo mismo para nosotros. Toda disciplina que Él nos aplica es para nuestro provecho.

 

Si Dios es equilibrado en sus juicios, también nosotros debemos serlo. Si Jesús nos mostró con su vida, un comportamiento siempre equilibrado entre los dos extremos de un sentimiento, una idea o una acción, pues imitémosle, dejando atrás toda postura exaltada, fanática, extremista y poco sobria. Pablo aconseja la sobriedad en todo, que es la moderación y cautela en usos y conversaciones. El equilibrio en el comer, el beber, el actuar y todo lo que hemos examinado, nos traerá una vida feliz, con mejores relaciones familiares, sociales y laborales, en paz con nuestro Creador, Salvador y Señor.