EL MEJOR DETERGENTE.

DEVOCIONAL “TESORO EN LOS CIELOS” (8)

 

© PASTOR IVÁN TAPIA

 

 

“Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.”

San Juan 15:13

 

La mayoría de las personas rechazan la suciedad. Días atrás observé a un vagabundo como lavaba su rostro cubierto de polvo y tizne, con una de sus raídas mangas, la que mojaba en un tiesto con agua. Todos, de una u otra forma, gustamos de esa sensación de libertad y aceptación que da la limpieza. Una gran cantidad de personas no pueden gozar plenamente de este derecho a vivir limpios, por las desigualdades de nuestra sociedad, y no tienen mayor acceso a una sala de baño adecuada, a jabones y detergentes. Mas, si ellos tuviesen la oportunidad de acceder a esos recursos, con agrado disfrutarían de más higiene y estarían menos afectos a contraer tantas enfermedades que ocasiona la mugre.

 

Tan grave como la falta de limpieza corporal, de la casa y del vestuario, es la inmundicia mental ¡Y cómo se afana el mundo en promoverla! La televisión, el cine, las revistas y periódicos, las artes no pocas veces, en vez de limpiar el alma de la gente, la ensucian con pornografía, murmuración (¿no es eso lo que hace la “prensa rosa?”), lenguaje soez, inmoralidad, violencia y todo tipo de basura. Estos desperdicios de las mentes depravadas por el amor al dinero y la vulgaridad, son depositados en los cerebros de niños, adolescentes y adultos sin discernimiento, degradando cada día más a la sociedad.

 

Este estado de cosas nunca fue el proyecto Divino para la Humanidad. Y a esta condición, aunque a muchos no les agrade, la Biblia llama “pecado”. Pecado es no hacer la voluntad del Creador y hacer nuestra propia voluntad. Lo contrario del pecado es la “santidad”. Santidad es una condición de limpieza espiritual. ¿Cómo podrá el ser humano limpiar su alma y su espíritu? Aquí Jesús, el Maestro, nos enseña el poder que tiene Su Palabra para llevarnos a la santidad, a la limpieza de espíritu: “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.”  No hay mejor detergente para la conciencia que Su enseñanza. Acérquese a Él, lea el Evangelio, practique las indicaciones del Salvador y Señor de la Humanidad, y su alma y espíritu serán limpios de todo pecado y contaminación.

 

 

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