EL ANTIGUO HUÉSPED.
Febrero 7th, 2010 por tesoroenloscielosDEVOCIONAL “TESORO EN LOS CIELOS” (13)
© PASTOR IVÁN TAPIA
“Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí. / Y cuando llega, la halla barrida y adornada. / Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero.”
Lucas 11: 24- 26
Las personas que están en el mundo piensan que son libres porque, según ellos, hacen lo que quieren con toda libertad. “A mí no me manda nadie” dicen. Muchos de ellos no creen en Dios y piensan que el hombre es responsable de sus actos y “después de esta vida no hay otra”, por tanto –como dice irónicamente el Apóstol- “comamos y bebamos que mañana moriremos”. Pero nosotros, los cristianos, sabemos que no es así, que la vida es algo más que esta existencia breve de unos 60 u 80 años ¡la vida es eterna, porque tenemos un espíritu eterno! Otros creen que hay un Dios pero no se esfuerzan por conocer Su voluntad en la Biblia ni en practicar lo que Él nos enseña en ese libro sagrado. Por tanto, ambos grupos – agnósticos y religiosos- desconocen que hay un mundo espiritual que gobierna la vida de los seres humanos.
Claramente, tanto los Evangelios como las cartas de los Apóstoles, nos enseñan que en nuestro planeta se desarrolla a nivel sobrenatural una verdadera guerra espiritual entre el Reino de Dios y el Reino de las Tinieblas. El primero lo dirige el Señor Jesucristo, al mando de Su Iglesia, formada por todos los cristianos convertidos y que oran permanentemente a Su Dios, y el ejército de ángeles que nos defiende, nos ministra y lucha contra las tinieblas de maldad. El Reino de Tinieblas tiene por caudillo a Satanás, un ángel caído y rebelde que ya ha sido derrotado por Jesucristo en la cruz del Calvario, pero que está dando sus últimos “coletazos”, tratando de llevarse consigo al infierno a la mayor cantidad de almas. Este diablo dirige a millones de demonios que gobiernan a los seres humanos a través de sus instintos bajos, pasiones e ignorancia. Por eso San Pablo dice a los cristianos: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” (Efesios 6:12)
Estos espíritus de tinieblas incentivan y actúan principalmente a través de los pecados de soberbia, avaricia, ira, lujuria, envidia, gula y pereza. Alejan al hombre de todo lo que se relacione con Cristo y la fe cristiana. Pueden llevar a la persona a una espiritualidad equivocada y de tinieblas, como la brujería, la magia blanca, el esoterismo, la idolatría religiosa y todo lo que niegue los auténticos principios bíblicos. Su intención siempre será la eterna perdición del ser humano.
Cuando una persona se encuentra con Jesucristo y arrepentido de todos sus pecados, acepta el don de la salvación, recibe la verdadera libertad: es liberado de las culpas del pecado, es liberado del Reino de Tinieblas y el yugo de Satanás, es liberado de los demonios que tenían atada su alma al pecado. Salen de él todos los espíritus inmundos de soberbia, avaricia, ira, lujuria, envidia, gula y/o pereza. El alma del cristiano –su mente, corazón, conciencia, emocionalidad y voluntad- es cada día limpiada de esas inmundicias por la sangre de Jesucristo, el Espíritu Santo y la Palabra de Dios.
Sin embargo “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí. / Y cuando llega, la halla barrida y adornada. / Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero.” Esta es una advertencia para todo cristiano: no descuidarse con su alma, porque esos espíritus están al acecho. El Apóstol Pedro aconseja: “Sed sobrios y velad porque vuestro adversario el diablo anda como león rugiente buscando a quien devorar” (1 Pedro 5:8)
¡Nada más triste y dramático que un cristiano que vuelve atrás y pisotea la sangre de Jesucristo! Los hermanos que se han descarriado del rebaño del Señor necesitan de alguien que les regrese a la senda correcta. Sus debilidades, no estar apercibidos, falta de madurez y poca inteligencia espiritual pudo llevarles por el mal camino. Lo que menos requieren es de crítica y condenación, sino de misericordia para que sean restaurados por el Espíritu Santo. Recordemos la parábola del hijo pródigo que vuelve al hogar y es recibido amorosamente por el padre. El Padre Celestial siempre recibirá con sus brazos abiertos al pecador arrepentido.
¿Cómo evitar ser presa otra vez del diablo y sus espíritus inmundos? Primero: manteniendo nuestra fe en Jesucristo a través de la diaria lectura de la Palabra de Dios, pues “la fe viene por el oír y el oír por la Palabra de Dios”. Segundo: cultivando el amor al Señor por medio de una oración personal permanente, ya que “el amor ha sido derramado en nosotros por el Espíritu Santo que nos ha dado”. Tercero: desarrollando la esperanza al estar sujetos a un pastor o líder cristiano, asistiendo a los cultos en una congregación y discipulándonos, “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre”. Cuarto: crecer en la paz de Dios, descansando siempre en Jesucristo, pidiendo perdón cada vez que peca pues “la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado”, y siendo sanados de toda herida, trauma y complejo de la antigua vida, permitiendo que el consejo de Dios “renovaos en el espíritu de vuestra mente” sea una práctica diaria.
Si usted guarda estos cuatro principios serán una verdadera armadura para su vida cristiana, ceñido con la verdad, acorazado con la justicia divina, protegido con el escudo de la fe y el yelmo de la salvación y blandiendo la espada de la Palabra de Dios (Efesios 6:14-17). Si usted no olvida la oración, la lectura de la Biblia, el discipulado y la asistencia al culto periódicamente, ningún espíritu de tinieblas podrá reconquistar su alma. Qué el Señor le bendiga, cuide y prospere!