EL ANTIGUO HUÉSPED.

Febrero 7th, 2010 por tesoroenloscielos

DEVOCIONAL “TESORO EN LOS CIELOS” (13)

 © PASTOR IVÁN TAPIA

 “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí. / Y cuando llega, la halla barrida y adornada. / Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero.”

Lucas 11: 24- 26  

Las personas que están en el mundo piensan que son libres porque, según ellos, hacen lo que quieren con toda libertad. “A mí no me manda nadie” dicen. Muchos de ellos no creen en Dios y piensan que el hombre es responsable de sus actos y “después de esta vida no hay otra”, por tanto –como dice irónicamente el Apóstol- “comamos y bebamos que mañana moriremos”. Pero nosotros, los cristianos, sabemos que no es así, que la vida es algo más que esta existencia breve de unos 60 u 80 años ¡la vida es eterna, porque tenemos un espíritu eterno! Otros creen que hay un Dios pero no se esfuerzan por conocer Su voluntad en la Biblia ni en practicar lo que Él nos enseña en ese libro sagrado. Por tanto, ambos grupos – agnósticos y religiosos- desconocen que hay un mundo espiritual que gobierna la vida de los seres humanos.

Claramente, tanto los Evangelios como las cartas de los Apóstoles, nos enseñan que en nuestro planeta se desarrolla a nivel sobrenatural una verdadera guerra espiritual entre el Reino de Dios y el Reino de las Tinieblas. El primero lo dirige el Señor Jesucristo, al mando de Su Iglesia, formada por todos los cristianos convertidos y que oran permanentemente a Su Dios, y el ejército de ángeles que nos defiende, nos ministra y lucha contra las tinieblas de maldad. El Reino de Tinieblas tiene por caudillo a Satanás, un ángel caído y rebelde que ya ha sido derrotado por Jesucristo en la cruz del Calvario, pero que está dando sus últimos “coletazos”, tratando de llevarse consigo al infierno a la mayor cantidad de almas. Este diablo dirige a millones de demonios que gobiernan a los seres humanos a través de sus instintos bajos, pasiones e ignorancia. Por eso San Pablo dice a los cristianos: “Porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra principados, contra potestades, contra los gobernadores de las tinieblas de este siglo, contra huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.” (Efesios 6:12)

Estos espíritus de tinieblas incentivan y actúan principalmente a través de los pecados de soberbia, avaricia, ira, lujuria, envidia, gula y pereza. Alejan al hombre de todo lo que se relacione con Cristo y la fe cristiana. Pueden llevar a la persona a una espiritualidad equivocada y de tinieblas, como la brujería, la magia blanca, el esoterismo, la idolatría religiosa y todo lo que niegue los auténticos principios bíblicos. Su intención siempre será la eterna perdición del ser humano.

Cuando una persona se encuentra con Jesucristo y arrepentido de todos sus pecados, acepta el don de la salvación, recibe la verdadera libertad: es liberado de las culpas del pecado, es liberado del Reino de Tinieblas y el yugo de Satanás, es liberado de los demonios que tenían atada su alma al pecado. Salen de él todos los espíritus inmundos de soberbia, avaricia, ira, lujuria, envidia, gula y/o pereza. El alma del cristiano –su mente, corazón, conciencia, emocionalidad y voluntad- es cada día limpiada de esas inmundicias por la sangre de Jesucristo, el Espíritu Santo y la Palabra de Dios.

Sin embargo “Cuando el espíritu inmundo sale del hombre, anda por lugares secos, buscando reposo; y no hallándolo, dice: Volveré a mi casa de donde salí. / Y cuando llega, la halla barrida y adornada. / Entonces va, y toma otros siete espíritus peores que él; y entrados, moran allí; y el postrer estado de aquel hombre viene a ser peor que el primero.” Esta es una advertencia para todo cristiano: no descuidarse con su alma, porque esos espíritus están al acecho. El Apóstol Pedro aconseja: “Sed sobrios y velad porque vuestro adversario el diablo anda como león rugiente buscando a quien devorar (1 Pedro 5:8)

¡Nada más triste y dramático que un cristiano que vuelve atrás y pisotea la sangre de Jesucristo! Los hermanos que se han descarriado del rebaño del Señor necesitan de alguien que les regrese a la senda correcta. Sus debilidades, no estar apercibidos, falta de madurez y poca inteligencia espiritual pudo llevarles por el mal camino. Lo que menos requieren es de crítica y condenación, sino de misericordia para que sean restaurados por el Espíritu Santo. Recordemos la parábola del hijo pródigo que vuelve al hogar y es recibido amorosamente por el padre. El Padre Celestial siempre recibirá con sus brazos abiertos al pecador arrepentido.

¿Cómo evitar ser presa otra vez del diablo y sus espíritus inmundos? Primero: manteniendo nuestra fe en Jesucristo a través de la diaria lectura de la Palabra de Dios, pues “la fe viene por el oír y el oír por la Palabra de Dios”. Segundo: cultivando el amor al Señor por medio de una oración personal permanente, ya que “el amor ha sido derramado en nosotros por el Espíritu Santo que nos ha dado”. Tercero: desarrollando la esperanza al estar sujetos a un pastor o líder cristiano, asistiendo a los cultos en una congregación y discipulándonos, “no dejando de congregarnos, como algunos tienen por costumbre”. Cuarto: crecer en la paz de Dios, descansando siempre en Jesucristo, pidiendo perdón cada vez que peca pues “la sangre de su Hijo Jesucristo nos limpia de todo pecado”, y siendo sanados de toda herida, trauma y complejo de la antigua vida, permitiendo que el consejo de Dios “renovaos en el espíritu de vuestra mente” sea una práctica diaria.

Si usted guarda estos cuatro principios serán una verdadera armadura para su vida cristiana, ceñido con la verdad, acorazado con la justicia divina, protegido con el escudo de la fe y el yelmo de la salvación y blandiendo la espada de la Palabra de Dios (Efesios 6:14-17). Si usted no olvida la oración, la lectura de la Biblia, el discipulado y la asistencia al culto periódicamente, ningún espíritu de tinieblas podrá reconquistar su alma. Qué el Señor le bendiga, cuide y prospere!

LA CONVERSIÓN, UNA EXPERIENCIA INTEGRAL.

Julio 1st, 2009 por tesoroenloscielos

“1 Saulo, respirando aún amenazas y muerte contra los discípulos del Señor, vino al sumo sacerdote, 2 y le pidió cartas para las sinagogas de Damasco, a fin de que si hallase algunos hombres o mujeres de este Camino, los trajese presos a Jerusalén. 3 Mas yendo por el camino, aconteció que al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; 4 y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? 5 El dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. 6 El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. 7 Y los hombres que iban con Saulo se pararon atónitos, oyendo a la verdad la voz, mas sin ver a nadie. 8 Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, 9 donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió.” (Hechos 9:1-9)

 

Hoy en día muchos jóvenes y la gente en general, buscan experiencias límite y que generan lo que ellos llaman “mucha adrenalina”. Incursionan en deportes extremos, en relaciones peligrosas, en vivencias diferentes, llegando algunos a experimentar en las drogas o en ritos que produzcan estados alterados de conciencia. Nunca antes, ni en las civilizaciones paganas de la Antigüedad ni en los “años locos” del siglo XX,  se había generalizado tanto como hoy la búsqueda de la sensualidad, el hedonismo, los placeres del cuerpo, las vivencias fuertes.

 

A pesar de ello, hay una experiencia sublime, que aún resta al ser humano por experimentar; es una experiencia que toca al cuerpo pero que va más allá de él, y alcanza a lo más profundo de su ser. Es el más excitante salto, el más fuerte contacto, una felicidad permanente, que no requiere de acrobacias, de revoluciones ni de drogas. Me refiero a la conversión a una vida con Dios.

 

La conversión a Jesucristo es una vivencia intensa, profunda y trascendental en la vida del ser humano. ¡Dichoso el hombre y la mujer que la viven! No es una experiencia meramente “religiosa” ni se trata de hacerse seguidor de cierta organización humana; sino que es un auténtico despertar a la vida sobrenatural, esa que está por sobre todo lo que existe. La conversión cristiana es un encuentro con la Persona de Dios, un encuentro con Jesucristo.

 

1. Una experiencia física.

La experiencia de la conversión es la vivencia más impactante que un ser humano pueda experimentar, puesto que es una experiencia trascendente. Tiene que ver con su vida eterna. Antes de esta experiencia la persona vivía ignorante de su condición espiritual y de la existencia real de Dios. Quizás podría tener algunos conceptos de “religión” en su mente, pero no vivenciaba esa relación con el Creador y Salvador que tiene después de su conversión.

 

2. Una experiencia del alma.

Pero no sólo es una vivencia emocional que pudo expresarse en lágrimas, gritos, palabras y sensaciones y acciones corporales intensas. Es también una experiencia mental. Se abre el entendimiento a una nueva comprensión de la vida. Repentinamente comprende que Dios es un Ser real con el cual se puede establecer una conversación y una vida de relación permanente. Entiende por qué y para qué murió Jesús en la cruz, cree que resucitó y comienza a entender la Biblia, cosa que antes era un terreno incomprensible y vedado para la persona.

 

3. Una experiencia espiritual.

Como el ser humano es trinitario –cuerpo, mente y espíritu- la conversión o nuevo nacimiento es una experiencia integral, de la totalidad del ser. Por ello es eminentemente espiritual. Lo que sucede es que aquel espíritu humano, que estaba seco y sin la vida de Dios, de pronto se ilumina con el Espíritu Santo, es regado con el agua de la Palabra de Dios y lleno de Cristo. Aquella parte más íntima del ser humano es habitada por Dios y el convertido comienza a vivir una vida nueva, guiado por el amor de Dios.

 

Podemos decir que la conversión es una experiencia real y concreta, no meramente emocional. La conversión a Jesucristo es una experiencia integral del cuerpo, el alma y el espíritu; el inicio de una relación real, profunda y altamente significativa con el Ser más importante del universo: su Creador, Dios Padre; Jesucristo, nuestro Salvador; y nuestro compañero y amigo, el Espíritu Santo. Esta relación se desarrollará crecientemente hasta la eternidad, para que se cumplan las palabras de San Pablo:

 “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo, sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo.” (1 Tesalonicenses 5:23)

 

LA LÁMPARA DEL SER

Abril 13th, 2009 por tesoroenloscielos

DEVOCIONAL “TESORO EN LOS CIELOS” (12)

 

© PASTOR IVÁN TAPIA

 

  

“La lámpara del cuerpo es el ojo; así que, si tu ojo es bueno, todo tu cuerpo estará lleno de luz; / pero si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas. Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?”

San Mateo 6:22,23

 

Cuando Jesucristo se refiere a “cuerpo”, en este pasaje, está señalando toda la persona y no lo que hoy nosotros designamos como soma o lo físico. Dice el Maestro que nuestros ojos son como una lámpara para el cuerpo o la persona entera. ¿A qué se estará refiriendo con “ojo”? El órgano de la visión es el que nos permite, sin tocar las cosas, ya emitir un juicio sobre ellas. Es evidente que Jesús se refiere a la conciencia. Quien juzga las cosas como pecaminosas las hace pecaminosas. Si usted considera que comer o beber determinado alimento es algo que Dios prohíbe, al hacerlo  se sentirá pecador y totalmente contaminado por la maldad. San Pablo dirá después “Todo lo que el hombre hace sin fe es pecado” (Romanos 14:23). Si tiene una conciencia limpia, si no anda por el mundo juzgándolo todo y poniendo bajo su “lupa legalista” todas las cosas, entonces usted será libre, tendrá en cierto modo la inocencia de los primeros padres, que andaban desnudos y no se sentían sucios ni culpables, sin embargo cuando entró la malicia en ellos, por el pecado, quisieron cubrirse.

 

Si tu ojo es maligno, todo tu cuerpo estará en tinieblas” agrega Jesús, es decir si miras las cosas de un modo negativo, todo tu pensamiento, emocionalidad y modo de actuar se volverá oscuro. Por ejemplo, frente a un desnudo fotográfico podemos pensar que es un atentado a la moral, un insulto a la decencia y la prudencia, algo de las tinieblas, una maniobra del diablo que quiere corromper esta sociedad; y ese juicio nos hará tomar una actitud negativa y agresiva hacia toda persona que piense lo contrario, llevándonos incluso a enfermarnos físicamente. Si optamos por la opción de que es una expresión más de arte, que responde a una intención estética y no moralizadora, no sólo podremos disfrutar de esa obra sino también mantenernos limpios de toda contaminación de pecado y culpa. Este ejemplo es válido sólo para aquello que es auténticamente una obra de arte y no para la vulgaridad ni la pornografía.

 

El ojo del alma es la conciencia. Cuando está bien formada sabe distinguir perfectamente lo bueno de lo malo. El autor de Hebreos nos habla de la triste condición de los creyentes que no han desarrollado su conciencia al grado de poder discernir entre lo bueno y lo malo: “Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios; y habéis llegado a ser tales que tenéis necesidad de leche, y no de alimento sólido. / Y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño; / pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal.” (Hebreos 5:12-14)

 

Los cristianos somos hijos de la luz, la Verdad y el Amor de Dios; somos guiados por la luz de Su Palabra y de Su Espíritu Santo; vivimos en Su luz porque estamos en Su Reino, que no es de tinieblas sino de luz. No puede existir tinieblas, oscuridad, dentro de nosotros. “Así que, si la luz que en ti hay es tinieblas, ¿cuántas no serán las mismas tinieblas?” nos recuerda el Señor. Pensar de modo oscuro, juzgar todas las cosas como pecado, tener una conciencia que todo lo sataniza, hará mucho mal a nuestro ser y a quienes nos rodean; por otro lado, no tener la capacidad de discernir cuando algo no está bien, también es peligroso pues se espera de nosotros que seamos esa lámpara puesta en lo alto del dintel, que ilumina toda la casa. Somos luz del mundo porque llevamos dentro de nosotros una lucecita encendida: nuestra conciencia guiada por el Espíritu Santo (Romanos 9:1).

 

“Nadie pone en oculto la luz encendida, ni debajo del almud, sino en el candelero, para que los que entran vean la luz. / La lámpara del cuerpo es el ojo; cuando tu ojo es bueno, también todo tu cuerpo está lleno de luz; pero cuando tu ojo es maligno, también tu cuerpo está en tinieblas. / Mira pues, no suceda que la luz que en ti hay, sea tinieblas. / Así que, si todo tu cuerpo está lleno de luz, no teniendo parte alguna de tinieblas, será todo luminoso, como cuando una lámpara te alumbra con su resplandor.” San Lucas 11:33-36

SED SOBRIOS

Abril 12th, 2009 por tesoroenloscielos

DEVOCIONAL “TESORO EN LOS CIELOS” (11)

 

 

“Por lo tanto, ceñíos los lomos de vuestro espíritu, sed sobrios, poned toda vuestra esperanza en la gracia que se os procurará mediante la Revelación de Jesucristo.”

1 Pedro 1:13

 

La vida cristiana es una vida de equilibrios. Es bueno estar con la gente, ayudarla, servirla, amarla, darse por el prójimo, también disfrutar con ellos, convivir, celebrar, amar y ser amado; pero de nada servimos si no buscamos la paz interior, la fuerza que viene de Dios, si no equilibramos esa vida externa con la interior. Necesitamos preocuparnos de nosotros mismos, autoexaminarnos, regularnos, evaluarnos ante el Creador. El equilibrio entre la vida de oración o vida devocional y la vida de servicio es imprescindible. Me dices que te agrada estar solo/a siempre y que eres por naturaleza solitario, que te apartas de la gente y por ti te irías a vivir a una isla solitaria; pues, te digo que estás mal, que busques dentro de ti la razón de ello. ¿Tienes miedo de las personas? ¿Sientes vergüenza por algo? O ¿te consideras tan superior, tan sabio/a o santo/a que no quieres contaminarte con los demás? Esto último sería el signo de una gran soberbia, te sientes mejor que todo el mundo. Espero que no sea tu caso.

 

La vida cristiana es una vida de equilibrios. Si eres una persona crítica con todos, significa que eres muy analítica, que puedes discernir, es decir separar lo correcto de lo incorrecto. Pues, hazlo también contigo, analízate a ti mismo/a y así establecerás el equilibrio necesario. Si eres crítico/a, equilíbralo con autocrítica. Y se crítico no sólo para encontrar lo malo, sino también la virtud, lo positivo, aquello que hay de la imagen de Dios en el otro. Nadie hay tan malo ni tan corrupto en este mundo, como ninguno tan santo como Jesucristo. En todo lo que analices y pienses, pon equilibrio.

 

Insisto, la vida cristiana es una vida de equilibrios. En tu hacer, en tu sentir y en tu pensar, es aplicable este principio. Por ejemplo en el área de las emociones ¿será bueno llorar?, ¿será bueno reír?, ¿será bueno o malo enojarse? Las respuestas vuelan desde la Sagrada Escritura de inmediato a nuestra mente: Vemos a Jesús llorando frente a la tumba de su amigo Lázaro; lo vemos alegrarse porque Su Padre ha dado a conocer Su verdad a los pobres; lo vemos enojarse con los mercaderes del templo. Aquella pena de Jesús es equilibrada, no es un llanto desesperado ni sin esperanza, pues Jesús sabe que Dios no es dios de muertos sino de vivos y que Él es la resurrección. Su alegría no es histérica ni inapropiada, es alegría por algo espiritual, es el gozo del Señor. Su ira es controlada, no destructiva, es aplicada para aleccionar, no para matar. Guarda tu espada, Pedro. El Maestro nos enseñó con Su ejemplo, el equilibrio del pensamiento, el equilibrio de las emociones, el equilibrio del actuar.

 

¿Y qué sucede con aquellos principios y posturas radicales del Evangelio? ¿Son equilibradas? Me refiero a aquellos textos que hablan de dejar padre y madre, de dejar que los muertos entierren a sus muertos, de poner la otra mejilla cuando nos maltraten, de darlo todo si me piden un poco, de dar la vida por los que amamos… y el mismo ejemplo del Fundador de nuestra fe que dio Su vida por la Humanidad, que no se defendió ni reclamó por tan cruenta muerte. ¿Es ello, acaso, equilibrio? Vamos por parte y examinemos cada ejemplo. Dejar padre, madre, hermanos, por causa del Evangelio, no es abandonarlos sino poner en primer lugar a Cristo, ordenar nuestras prioridades. Jesús, en esta enseñanza, como en la de preferirle a Él antes que al funeral, o la de ofrecer la otra mejilla –perdonar-, está utilizando un recurso verbal llamado hipérbole, exageración retórica que tiene por objeto llamar la atención del oyente a la verdad fundamental que se quiere enseñar. Bajo ningún punto de vista el Maestro nos mal enseña a desobedecer a los padres y no respetarlos, ni a dejar de asistir a velatorios y funerales, o dejarnos atropellar por cualquiera que nos haga daño y no defendernos. Cuando Él dice que no hay mayor amor que el Suyo, que entrega su vida toda por el prójimo está diciendo exactamente eso, renunciar al egoísmo para ser altruista; no dice que todos deban buscar la muerte para ser verdaderos seguidores suyos y transformarnos en héroes o mártires. Esto último es el resultado de algunas vidas enfrentadas a peligros extremos, pero no constituye ley.

 

El cristianismo es radical en cuanto al amor y ello a nadie daña; todo lo contrario, pone muy en alto el nombre de Jehová. La Biblia en ninguno de sus libros enseña el desequilibrio, sino que lo rechaza. Aconseja que, examinando los pecados de otro, sea cuidadoso en juzgarme primero a mí mismo. “Hermanos, si alguno fuere sorprendido en alguna falta, vosotros que sois espirituales, restauradle con espíritu de mansedumbre, considerándote a ti mismo, no sea que tú también seas tentado.” (Gálatas 6:1)

 

Si en los Salmos u otro libro del Antiguo Testamento encontramos oraciones pidiendo castigo sobre los enemigos, no debemos entenderlo como el deseo destructivo de Dios sino como el anhelo de justicia de Sus siervos, guiados por el Espíritu Santo. Nuestras oraciones, hechas bajo el Nuevo Pacto, serán llenas de perdón y amor hacia los que no siguen el buen camino. Cuando Dios destruye o mata, no lo hace por maldad, como lo haríamos los seres humanos, sino por justicia y porque aborrece el pecado. Él es Dueño de toda Su creación y puede hacer lo que Él quiera con ella, pero aún así, lo hace conforme a Su justicia. Él no se deshice, sino que es coherente con Su pensamiento. No hay desequilibrio en Dios ni en Su Palabra. Tomemos el caso de Caín, asesino de su hermano Abel. “Y dijo Caín a Jehová: Grande es mi castigo para ser soportado. / He aquí me echas hoy de la tierra, y de tu presencia me esconderé, y seré errante y extranjero en la tierra; y sucederá que cualquiera que me hallare, me matará.” (Génesis 4:13,14)Dios lo sanciona desterrándole, sin embargo le respondió: “Ciertamente cualquiera que matare a Caín, siete veces será castigado. Entonces Jehová puso señal en Caín, para que no lo matase cualquiera que le hallara./ Salió, pues, Caín de delante de Jehová, y habitó en tierra de Nod, al oriente de Edén. (Génesis 4:15,16) El Señor no se vengó de Caín ni lo destruyó, sino que lo defendió de muerte para que tuviera hijos y prosperara. Hoy día desea lo mismo para nosotros. Toda disciplina que Él nos aplica es para nuestro provecho.

 

Si Dios es equilibrado en sus juicios, también nosotros debemos serlo. Si Jesús nos mostró con su vida, un comportamiento siempre equilibrado entre los dos extremos de un sentimiento, una idea o una acción, pues imitémosle, dejando atrás toda postura exaltada, fanática, extremista y poco sobria. Pablo aconseja la sobriedad en todo, que es la moderación y cautela en usos y conversaciones. El equilibrio en el comer, el beber, el actuar y todo lo que hemos examinado, nos traerá una vida feliz, con mejores relaciones familiares, sociales y laborales, en paz con nuestro Creador, Salvador y Señor.

LAS AFLICCIONES DEL JUSTO.

Marzo 10th, 2009 por tesoroenloscielos

DEVOCIONAL “TESORO EN LOS CIELOS” (10)

 

© PASTOR IVÁN TAPIA

 

 

 

“Muchas son las aflicciones del justo,

Pero de todas ellas le librará Jehová.”

Salmos 34:19

 

 

Quien anhela vivir cada día conforme a la Verdad de Dios, de acuerdo a Su Justicia, es un hombre justo. Necesariamente justo es aquél que ha conocido a Jesucristo, el Justo por excelencia, porque del alma humana sin Dios nada bueno puede resultar. Quizás la persona se empeñe en ser correcta, pero se envanezca de ello y su vanidad borra toda justicia. Desde este punto de vista, nadie puede arrogarse esta calidad de “persona justa”, sin embargo el Señor llama justos, y aún más, santos, a Sus hijos. Sólo la gran misericordia de un Dios que es Amor puede cubrir de tal modo nuestras injusticias.

 

Muchos son los pesares, las tristezas, las desilusiones, las ofensas e injusticias que vive el seguidor de Jesucristo. La Palabra de Dios no lo niega, no dice que el que siga al Señor estará exento de todo dolor, que su vida será “miel sobre hojuelas”, no. Sencillamente declara “Muchas son las aflicciones del justo” ¿Por qué será esto? ¿Para probarnos? ¿Para que suframos como el Salvador en la cruz? ¿Para limpiarnos de impurezas espirituales? La eterna pregunta ¿por qué sufren los buenos?

 

Justos, santos y buenos no pertenecen a este mundo, sus vidas marchan de acuerdo a principios absolutamente opuestos a los de esta sociedad. El sistema de cosas que impera en el planeta, tanto en el plano político, económico, religioso y moral, es totalmente opuesto a los principios y valores del Reino de Dios. Por eso el justo encuentra oposición en este mundo. Hay oposición de la gente que se burla de nuestras creencias, que no cree en nuestra fe ni en la correcta intención de nuestro corazón, que ignora la existencia de Dios y el mundo espiritual, que desconfía de la Iglesia y de los cristianos. Pero la mayor oposición no es visible sino que opera a nivel sobrenatural, es el permanente ataque de las tinieblas contra el que sigue los pasos del Maestro.

 

¡Qué bendita consolación es esta Palabra para nosotros! “Muchas son las aflicciones del justo, Pero de todas ellas le librará Jehová.” Dios nos librará de todas las circunstancias difíciles que nos toque vivir en el camino de Jesús. No dice que nos librará de algunas cosas sino que de “todas ellas”. Las aflicciones son propias de la vida en este valle de sufrimientos, pero pueden ser oportunidad de testificar acerca de la fortaleza que Cristo nos da frente a la adversidad. También puede el Espíritu Santo utilizar estas aflicciones para provecho de nuestra alma, puliéndonos y perfeccionándonos en paciencia, tolerancia y templanza. Querido amigo: recuerde que no está solo, Jesús el Justo le acompaña hoy, pese a todas las dificultades. De todas ellas le librará y conducirá hasta las moradas eternas. ¡Ánimo! El Señor le bendice.

 

 

http://charlasbiblicas.blogspot.com

SIERVOS INÚTILES.

Marzo 5th, 2009 por tesoroenloscielos

DEVOCIONAL “TESORO EN LOS CIELOS” (9)

 

© PASTOR IVÁN TAPIA

 

 

“Así también vosotros, cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado, decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.”

San Lucas 17:10

 

 

Todos sabemos cual es la voluntad de Dios. Ningún cristiano, católico, protestante o de otra denominación, puede alegar desconocimiento de la Palabra y la Ley de Dios. Si no es un buen lector de la Biblia, por lo menos escuchará cada domingo o sábado, su lectura y comentario por parte del ministro del Señor. Así es que no somos ignorantes de Su Divina voluntad.

 

La vida cristiana mayormente es vivir las enseñanzas de Jesucristo, cosa que no es tan fácil pues somos carne y estamos inclinados a muchas debilidades, como el orgullo, los apetitos del cuerpo y el deseo de satisfacer aquello que es contrario al espíritu. Cual más, cual menos tiene esta lucha y cuando sale victorioso de ella, se siente muy bien consigo mismo, tranquilo y satisfecho de ser un buen discípulo del Maestro.

 

Sin embargo en este texto Él no nos aplaude, ni refuerza nuestra vanidad o autoestima personal, sino que nos dice  “cuando hayáis hecho todo lo que os ha sido ordenado decid: Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos.” Si no comprendemos el fondo de estas palabras, pensaremos que estamos ante un Dios cruel, insensible y desagradecido, pero no es así. El propósito de las palabras que nos aconseja pronunciar, luego de haber hecho Su buena voluntad, “Siervos inútiles somos, pues lo que debíamos hacer, hicimos” es que consideremos que cumplir Sus mandamientos no es un favor para Él, puesto que ello nos hace bien a nosotros mismos. Hacer Su voluntad es nuestro deber y necesidad. La “inutilidad” a la que se refiere el versículo, es que ninguna acción o iniciativa humana puede agradarle, sino sólo Su voluntad, que es agradable y perfecta. Dada nuestra naturaleza caída, todo esfuerzo y acción humana en si misma es “inútil”, sólo aquello que se genera en Dios es útil y santo. La palabra “inútil” ofende a nuestro orgullo que piensa ser alguien importante que merece el agradecimiento de Dios. ¡Qué vanidad! Y Jesús la deja evidencia.

 

Hermanos y amigos: no estamos ante un Dios que desconozca nuestra condición y naturaleza. Todo lo contrario, Él nos creó y conoce nuestras limitaciones. Él sabe que el ser humano es presa del mal y conoce nuestra debilidad. Por eso necesitamos hacer Su voluntad y no la nuestra para alcanzar la felicidad. Él es el Señor, el Dueño de tu vida, tú y yo somos sus siervos, siempre dispuestos a hacer lo que debemos hacer. Todo lo demás es inútil.

 

EL MEJOR DETERGENTE.

Febrero 27th, 2009 por tesoroenloscielos

DEVOCIONAL “TESORO EN LOS CIELOS” (8)

 

© PASTOR IVÁN TAPIA

 

 

“Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.”

San Juan 15:13

 

La mayoría de las personas rechazan la suciedad. Días atrás observé a un vagabundo como lavaba su rostro cubierto de polvo y tizne, con una de sus raídas mangas, la que mojaba en un tiesto con agua. Todos, de una u otra forma, gustamos de esa sensación de libertad y aceptación que da la limpieza. Una gran cantidad de personas no pueden gozar plenamente de este derecho a vivir limpios, por las desigualdades de nuestra sociedad, y no tienen mayor acceso a una sala de baño adecuada, a jabones y detergentes. Mas, si ellos tuviesen la oportunidad de acceder a esos recursos, con agrado disfrutarían de más higiene y estarían menos afectos a contraer tantas enfermedades que ocasiona la mugre.

 

Tan grave como la falta de limpieza corporal, de la casa y del vestuario, es la inmundicia mental ¡Y cómo se afana el mundo en promoverla! La televisión, el cine, las revistas y periódicos, las artes no pocas veces, en vez de limpiar el alma de la gente, la ensucian con pornografía, murmuración (¿no es eso lo que hace la “prensa rosa?”), lenguaje soez, inmoralidad, violencia y todo tipo de basura. Estos desperdicios de las mentes depravadas por el amor al dinero y la vulgaridad, son depositados en los cerebros de niños, adolescentes y adultos sin discernimiento, degradando cada día más a la sociedad.

 

Este estado de cosas nunca fue el proyecto Divino para la Humanidad. Y a esta condición, aunque a muchos no les agrade, la Biblia llama “pecado”. Pecado es no hacer la voluntad del Creador y hacer nuestra propia voluntad. Lo contrario del pecado es la “santidad”. Santidad es una condición de limpieza espiritual. ¿Cómo podrá el ser humano limpiar su alma y su espíritu? Aquí Jesús, el Maestro, nos enseña el poder que tiene Su Palabra para llevarnos a la santidad, a la limpieza de espíritu: “Ya vosotros estáis limpios por la palabra que os he hablado.”  No hay mejor detergente para la conciencia que Su enseñanza. Acérquese a Él, lea el Evangelio, practique las indicaciones del Salvador y Señor de la Humanidad, y su alma y espíritu serán limpios de todo pecado y contaminación.

 

 

MANIFIESTA A DIOS EN TU VIDA.

Febrero 24th, 2009 por tesoroenloscielos

DEVOCIONAL “TESORO EN LOS CIELOS” (7)

 

© PASTOR IVÁN TAPIA

 

 

“El que tiene mis mandamientos, y los guarda, ése es el que me ama; y el que me ama, será amado por mi Padre, y yo le amaré, y me manifestaré a él.”

San Juan 14:21

 

 

Cada enseñanza de Jesucristo encierra un mandamiento. Por ejemplo cuando los discípulos le piden a Jesús que les enseñe a orar, Éste responde Vosotros, pues, oraréis así: Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea tu nombre. / Venga tu reino. Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.”  (San Mateo 6:9,10) Se dice que el Evangelio contiene aproximadamente 90 mandamientos de Jesús. En verdad son enseñanzas, consejos que el Maestro nos dejó para hacer de nuestra vida algo más feliz y acorde a la voluntad del Padre.

 

En el texto habla Él mismo y nos dice: “El que tiene mis mandamientos”. Es decir usted y yo, los que leemos y escuchamos Su Palabra. Es imprescindible leer la Biblia para conocer y tener los mandamientos de Jesús. ¿Quién es el que ama a Jesucristo? El que tiene sus mandamientos y los pone en práctica. En el ejemplo, se trata no de repetir una y otra vez el Padrenuestro sino de tener esta oración como modelo para nuestra diaria oración personal. En todo caso, no invalidamos el uso de la oración enseñada por Jesucristo, entendiendo en profundidad cada uno de sus contenidos.

 

Si cumplimos cada uno de los mandamientos de Jesús, como “buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas” (San Mateo 6:33) o “el que quiera hacerse grande entre vosotros, será vuestro servidor (San Mateo 20:26), etc. estaremos en consonancia con los pensamientos y principios del Padre Celestial, con Su Ley, y por tanto seremos amados por Él.

 

Hay en este texto, además, una hermosa promesa del Señor: y yo le amaré, y me manifestaré a él.” Escuchar o leer, guardar y cumplir Sus mandamientos, es algo que agrada tanto al Padre como al Hijo y traen amor de parte de Ellos hacia nosotros. Esto significa que nos unificamos con Ellos, que pasamos a estar en la misma sintonía y, por tanto, Dios se manifiesta en nuestra vida. La manifestación de Jesucristo es la manifestación de Su Espíritu Santo en el que pone por obra Su Palabra. Manifestar es dar a conocer o poner a la vista algo que se desconocía antes o que no se había visto. ¿Cómo puede manifestarse Cristo en nuestras vidas si no es por medio del cumplimiento de Su Verdad? La única forma que podamos experimentar Su Vida es viviendo Sus mandamientos. Y podremos vivirlos, hacerlos carne en nosotros, sólo si Él vive dentro de nuestro ser para ejecutarlos.

 

 

HECHOS Y NO PALABRAS.

Febrero 21st, 2009 por tesoroenloscielos

DEVOCIONAL “TESORO EN LOS CIELOS” (6)

 

© PASTOR IVÁN TAPIA

 

 

 

“Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.”

1 Juan 3:18

 

 

¡Qué desagradable es la zalamería! Hay personas que destilan miel en sus palabras y luego, cual abeja, entierran el aguijón. Lenguas colmadas de palabras lindas que, a veces, cubren envidia, mala intención, falta de amor. Esta última palabrita “amor” ya ha sido tan manoseada y se aplica a cualquier circunstancia. ¡Si hasta en la farándula, la prensa rosa y el cine barato, se la pone en boca de personajes falsos o vanos, como diría el Eclesiastés!

 

Con palabras podemos construir hermosos mundos para la literatura y la fantasía, pero imaginarios e inexistentes, al fin y al cabo. La Biblia nos enseña sobre los diferentes tipos de amor que pueden darse entre los hombres: el amor maternal de María que aceptó la encarnación del Hijo de Dios en su seno y su corazón fue atravesado por el dolor; el amor paternal de David, capaz de renunciar hasta a su propio reino por su torpe hijo Absalón; el amor pastoral de Pablo, quien recorría kilómetros y enfrentaba persecuciones y castigos por causa de sus discípulos; el amor de los esposos, no exento de sentimientos sublimes y erotismo, en el Cantar de los Cantares de Salomón; como también la pasión disfrazada de amor en la violación de la bella Tamar por Amnón o la seducción de la esposa de Potifar hacia su siervo José. Todos estos relatos son el registro de hechos tan reales y crudos, como los que cuentan nuestros periódicos de hoy.

 

Pero la mejor definición del amor la encontramos en la cruz. “De tal manera amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo Unigénito para que todo aquél que en Él crea no se pierda sino tenga vida eterna” (San Juan 3:16) Es una definición concreta y clara: si usted quiere amar renuncie a lo más preciado, su propio yo, y entréguese al otro. Si usted quiere ser amado o amada realmente, entonces busque a Dios y acepte, sin barreras, el regalo que Él quiere entregarle: Su inmenso amor en Jesucristo. Si usted desea saber si ama realmente a alguien, basta solamente que se pregunte: ¿estoy dispuesto a renunciar a lo más preciado por él o ella? Si es así, pues usted está dando amor.

 

Ponga atención a esto: yo ya he escrito tres párrafos para hablar sobre el amor. Podríamos citar innumerables textos de la Escritura que nos enseñan sobre ello, desde 1 Corintios 13 hasta las palabras de Jesús sobre como se debe amar a Dios, al prójimo, a sí mismo y aún a los enemigos. Sin embargo a San Juan sólo le bastó una línea para decirnos: “Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad.”  Es que los humanos siempre estamos más prestos a hablar y a teorizar, que a vivir. Y el amor no es cuestión de palabras sino de hechos.

UN NUEVO MANDAMIENTO DE DIOS.

Febrero 17th, 2009 por tesoroenloscielos

DEVOCIONAL “TESORO EN LOS CIELOS” (5)

 

© PASTOR IVÁN TAPIA

 

 

“Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; como yo os he amado, que también os améis unos a otros. / En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros.”

San Juan 13:34,35

 

¿Cómo puedo darme cuenta que alguien sigue a tal o cual líder, a tal o cual maestro? Por su actuación. En el caso de los cristianos, se aplica la misma regla. El que actúa como el Maestro es un verdadero discípulo. De lo contrario, caben muchas dudas que así sea. Tal vez es un admirador de la doctrina de Jesús, como sistema de razonamiento, o cree ser un fiel seguidor de Él, o bien es alguien que se está esforzando en imitarle y todavía no ha experimentado en si mismo la Persona del Salvador y Señor.

 

Quiso el Autor de la fe cristiana, que el sello de Su discipulado fuera el amor: En esto conocerán todos que sois mis discípulos, si tuviereis amor los unos con los otros”  No es la liturgia, la forma de los templos, la declaración de fe o credo; no es el catecismo, el tipo de gobierno eclesial, el sacerdocio o el pastorado, no es la doctrina ni el dogma, lo que distingue al discípulo de Jesucristo, sino sencilla y definitivamente el amor. Y como para que se manifieste el amor es preciso que exista interacción entre personas, entonces surge la Iglesia, la comunidad cristiana, una “común unidad” que experimenta el amor, tal como lo enseña Jesús. La Iglesia cristiana debe identificarse, más que por su letrero en la puerta del templo, por el “amor los unos con los otros.”

 

Seguramente usted conoce los 10 Mandamientos, entregados por Dios a Moisés en el monte Sinaí aproximadamente 1.250 años antes de Jesucristo. Estos diez Mandamientos los resumió el Señor en dos: Amarás a Dios sobre todas las cosas y al prójimo como a ti mismo (San Marcos 12:29,30). En el texto que examinamos hoy, el Maestro nos lleva un paso adelante, dándonos un nuevo mandamiento, que nos amemos los cristianos unos a otros, siguiendo su ejemplo: “como yo os he amado, que también os améis unos a otros.”  No es cosa fácil este nuevo mandato de Dios, el que implica deponer todo egoísmo, interés personal y amor propio, por el bien del hermano. Es evidente que para su cumplimiento necesitamos algo más que nuestra buena voluntad de imitar al Maestro, requerimos de Su Espíritu, de Su Persona viviendo en nosotros.

 

Los 10 Mandamientos fueron entregados en el régimen del Antiguo Pacto o Testamento. El “mandamiento nuevo” lo entregó Jesucristo en el régimen del Nuevo Pacto, el cual se estableció por medio de Su sacrificio en la cruz. Recordemos las palabras de Jesús, la noche que celebró la última cena con sus discípulos: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiereis, en memoria de mí.” (1 Corintios 11:25) El Antiguo Pacto estableció mandamientos que el hombre debía cumplir por sí mismo, sin la ayuda de Dios. En cambio en el Nuevo Pacto, todo lo que Dios exige del hombre, el discípulo lo realizará con el auxilio del Espíritu Santo. Este Espíritu le dará el amor suficiente para cumplir el mandamiento de Jesús: “Que os améis unos a otros”