Efectivamente como comenta Oz en mi post anterior, la cotidianeidad es algo reconfortante y no es lo mismo que la rutina.
A veces hay quien no se para a distinguir una de otra. A veces simplemente la cosa trata de ser consciente de pequeños detalles que parecen invisibles, triviales, fútiles.
Por ejemplo, mi dÃÂa de hoy tiene otros matices distintos a los de ayer:
- La cara de mi chica dándome un beso al irse al trabajo y yo medio dormida.
- La cigüeña volando en busca de algo a través de la ventana de la cocina.
- Al pasar por la casa rural de la carretera he buscado al niño sucio en el patio, pero no lo he visto.
- Observo desde el coche a un hombre en mitad de un terreno recién arado, bajo el sol, trabajando, a lo lejos.
- Una cigüeña vuela muy bajo y pasa a unos metros de mi coche. Es enorme y me viene el recuerdo de cuando trabajaba en GREFA y tuve a una en brazos mientras la curábamos porque se habÃÂa electrocutado con un cable.
- En la radio oigo esta noticia y se me pone un nudo en la garganta.
- Veo la boina gris sobre Madrid.
- Una urraca hace brillar algo en un árbol.
- En el trabajo veo, al cruzarnos, la sonrisa de una compañera a la que hacÃÂa mucho que no veÃÂa y me quedo un rato sonriendo.
- Cierro los ojos mientras el sol me da en la cara sentada en un banco del jardÃÂn de la empresa, en el rato de descanso.
- Al salir, hay casi luna llena.
- Veo las luces dispersas de mi pueblo en la noche mientras me acerco con el coche.
- La calle está desierta.
- Después de cenar me he comido una manzana. Me encanta ese ruido y la sensación que produce una manzana dura cuando la muerdes.
Me gusta cuando soy consciente de ciertas cosas que suceden cada dÃÂa, en todas partes, y se quedan en mi memoria, en mi memoria cotidiana y a la vez distinta cada vez.
O, como leàuna vez, algo asàcomo: “Me gusta la armonÃÂa de mi cotidianeidad. No es rutina. Son horas de serenidad que me hacen sentir feliz con lo que me rodea.”